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Apuntes de cine

La noche del cazador (1955)
Charles Laughton

FOGONAZO QUE DURA

1) Se ambienta en la sombría época de la Depresión y la protagoniza un asesino en serie, gran Mitchum. Pero, siendo siniestra, y basada en una novela negra, no es sin embargo una película negra, ni de crítica social.
Su formato es de cuento tradicional (en palabras de Laughton, “una pesadilla de Mamá Gansa”).

2) Contra lo creído, cuentos tradicionales como los recopilados por los hermanos Grimm no eran para niños sino que servían al pueblo iletrado para transmitir oralmente sus códigos de valores.
En busca de eficacia, manejan símbolos fuertes, de apariencia cruel: niños abandonados, padres desaparecidos, decapitaciones, plagas, maldiciones, raptos, etc. El bien y el mal se polarizan sin la menor ambigüedad.
Aunque lo intenta con mil argucias, el mal termina derrotado por el bien y recibe castigo mientras las virtudes clásicas son enaltecidas.

3) En lo genérico, éste es el marco de acción de Laughton, que se ajusta sin apartarse un centímetro ni engañar a nadie. En sí, la historia del espantoso Predicador, asesino de viudas al olor de su dinero y perseguidor de niños por esa misma avidez, es corriente. No aporta grandes novedades sobre la naturaleza humana ni sobre el mundo sureño.
Pero en lo artístico, Laughton despliega un deslumbrante festival de formas. En varios pasajes enciende la visualidad mágica de los cuentos. Hay toques de expresionismo alemán, toques Griffith (reforzados por Lillian Gish) y alguna ráfaga de atmósfera Twain.

No es sólo el viaje por el ancho río Ohio, el cielo palpitante de estrellas, la luna cercana, las siluetas dibujadas contra el crepúsculo o los animales sueltos con presencia de personas, un mundo tan encantado como inquietante, y sin recurrir a factores sobrenaturales…
También el plano subacuático incluyendo algas ondulantes como cabellos, automóvil quieto, un cadáver que despide luz fantasmal…
Y las pantomimas feriantes del espeluznante reverendo Powell, las circenses luchas de sus dedos tatuados…
O la ingenuidad nupcial de Shelley Winters, en su especialidad de víctima de marido desaprensivo…

El niño capta al psicópata, los adultos se dejan embaucar por las tretas seductivas y las convenciones morales. Excepto la anciana benefactora, que ya no está en la edad, y de modo militante comparte con los niños la inocencia.

4) Debió de concentrarse mucho Laughton en lo intelectual y artístico de su primera aventura tras la cámara, y descuidó acaso el marketing.
En sus memorias (“Elsa Lanchester herself”, 1983) la novia de Frankenstein y esposa de Laughton reveló que éste no había utilizado al final el impuesto guión de James Agee, aunque lo pagó y lo acreditó, sino el propio; y que, no pudiendo soportar a la pareja de niños, había conseguido que Mitchum los dirigiese.
La crítica se ensañó lo suficiente como para alejar al público y disuadir de nuevos intentos al debutante.

Con el tiempo, tenemos la certeza de que esas películas no filmadas representan una pérdida.

Archilupo