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Apuntes de cine

CONTRA LA PARED (2004)
Fatih Akin

EL TIOVIVO DEL AMOR

Cuando el amigo advierte al protagonista que el amor es como un tiovivo donde sin control se gira y se sube y se baja, está haciendo un apunte sobre la filosofía sentimental subyacente a la película.

Esquematizando al máximo el argumento, sale un drama con fuerte componente amoroso, aunque de romanticismo nada usual. La inserción en coordenadas socioculturales sumamente adversas, con tratamiento duro hasta el tremendismo, lo convierten en un campo de batalla donde esos sentimientos amorosos chocan con severos códigos morales, programas de conducta implantados ancestralmente en el fondo atávico de la conciencia, y con la locura que ya se lleva encima.
Esto atañe a Cahit (Birol Ünel, centrado del todo en el rol) y Sibel (Sibel Kekilli, de magnética fisonomía), inmigrantes turcos en vías de asimilación, en vías de ruptura con sus raíces para así acogerse al disfrute de las libertades civiles de Alemania: libertad él de estar borracho a todas horas y como un hosco desecho autodestruirse en un apartamento convertido en contenedor de basuras, libertad ella de salir cada noche e ir follando con hombres distintos si la cosa se da bien. Pero cuando se conocen están ingresados en un psiquiátrico, por intento de suicidio. Con el fin de librarse de su familia y su estricta vigilancia tradicional, ella propone enseguida contraer un matrimonio simulado, para adquirir así un estatus más independiente. Según lo pactado, cada cual hace su vida, que incluye amantes. Pero compartir lo cotidiano bajo el mismo techo quizá sea demasiado comprometedor (¡obvio!), y la tormentas y conflictos emocionales, entre ellos el de consumar o no el matrimonio, no tardan en desatarse y removerlo todo, y abrir a cada uno un largo y terrible camino de purgación.

¿Qué teoría del amor subyace en la película? Puede que platónica: las almas que estuvieron unidas en el mundo ideal, antes de caer a lo denso, se reconocen en medio de las sombras y el extravío. Ese reconocimiento, asociado a un ‘despertar’, es vivido como un enamoramiento deslumbrante. Se buscan por encima de todo, imantadas, irresistiblemente atraídas, padeciendo cualquier obstáculo que obstruya la unión. El amor: una fuerza trascendente, capaz de operar transformaciones inconcebibles, y con cuyo ímpetu se sale a flote.
Cabe representarlo con la mayor diversidad estética: desde la visión elevada y angélica, casi de espíritus puros a las puertas de cielo, hasta la inmersión en abismos de oscuridad y alienación, a merced de emociones incontrolables, entre las que el amor trata de prevalecer.
“Contra la pared” se acerca más a este último enfoque. La historia se cuenta a ritmo vigoroso, intenso, marcado por rotunda música, y sin ahorrar patetismo: lo ingrato, truculento y demoledor no es suavizado.

Piezas de un recital de músicos tradicionales turco-gitanos, con Estambul y sus mezquitas al fondo, sirven como cortinas entre los capítulos; más o menos, todos ellos tempestuosos.

Lupo