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Apuntes de cine

UNAS FOTOS EN LA CIUDAD DE SYLVIA (2007)
José Luis Guerín

EL CINEASTA ENAMORADO DEL AMOR

Cuando el narrador de la película, un cineasta con proyectos en la cabeza, llega a Estrasburgo tras la estela del héroe romántico por excelencia (el joven Werther), recuerda a un amor de veintidós años atrás, Sylvia, y se pregunta si la verá por la calle, si podrá reconocerla.
Sigue a mujeres que podrían ser Sylvia y las fotografía furtivamente.

La película es un mudo diario de viaje, escritura cinematográfica en primera persona, resultado del montaje dinámico de fotos digitales acumuladas durante meses de hotel en hotel.
El texto narrador, frases cortas, se presenta en intertítulos o sobreimpresionado en las imágenes.

Cercados los hospitales donde Sylvia, casi seguro enfermera, podría estar trabajando, el narrador documenta los vestigios de Goethe: lápidas y estatuas, placas conmemorativas y grabados de época, con ecos del amor goethiano por Charlotte.
Las fotos seriadas son apuntes de un solitario que observa a las mujeres mientras aguardan en la parada del tranvía, pasan en bicicleta o caminan por las calles peatonales.
¿Será Sylvia esa que viene? ¿Será aquella otra? Incertidumbre irresoluble. Entre tanto, docenas y docenas de rostros femeninos escrutados a fondo.

El anhelo va magnificando el encuentro buscado y el cineasta empieza a relacionarlo con un amor predestinado y absoluto, como el de Dante y Beatriz, que se reconocieron en su primer contacto, junto al Ponte Vecchio florentino.

De vuelta a casa, el correo postal trae el relato de su amigo Miguel Marías, “La visión”: un hombre no puede olvidar a la mujer vista unos segundos en un andén del metro de Alonso Martínez. Un instante para siempre, porque el hombre ha madurado, se ha casado y fundado una familia, y ha envejecido sin olvidar el rostro de su probable amor inmortal, que había estado al alcance.

Mientras el cineasta narrador inicia un cuaderno ‘Miquelrius’, para trabajar sobre ese cuento, y subraya páginas de “Vita nuova”, se llega hasta la estación de Alonso Martínez, a fotografiar más mujeres. No es maniobra del todo estéril y conduce a, entre otras ciudades europeas, Florencia; de allí a Avignon, tras el rastro centenario de Laura y Petrarca, derivando a una expectativa más y más radical que enaltece la figura huidiza de Sylvia y la elabora como íntimo arquetipo de la Amada Inmortal, si bien la acumulación de mujeres fotografiadas de espaldas en las calles de distintas ciudades europeas se acaba volviendo reiterativa, en lugar de ayudar al ‘crescendo’.

En este interesante experimento, que explora sendas cinematográficas poco trilladas, y funciona como un molde donde vaciar y fundir “En la ciudad de Sylvia”, resuenan:

Las performances de Sophie Calle, en especial la ‘Suite Venetienne’, con el exhaustivo seguimiento a un hombre por Venecia.
Inevitablemente, “La jetée” (Marker, 1961), por la foto fija, aunque difiera el tratamiento de las imágenes, así como el tono de la narración.
Las novelas de Sebald con atento y erudito narrador itinerante.

Lupo