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Apuntes de cine

LA TIERRA DE LA GRAN PROMESA (1975)
Andrzej Wajda

RAÍCES EUROPEAS

El sólido cine de Wajda desborda el canon del realismo socialista.
Una doble formación de pintor y cineasta le permite dar a sus películas una estética envolvente, gracias a la calidad del encuadre y al tratamiento refinado de la imagen (interiores elaborados, minucioso vestuario de época, paisajes).

Wajda adapta en sus films novelas históricas polacas, buscando ahondar en las raíces nacionales. Los tres jóvenes protagonistas de "La tierra de la gran promesa", amigos que se asocian para crear una fábrica, las sintetizan: un judío, un polaco católico y un alemán protestante.

El relato de la ambiciosa aventura fundacional que emprenden permite analizar y describir a fondo, y con gran intensidad dramática, la lógica darwinista de la burguesía industrial de Lodz: la ganancia y acumulación a toda costa.
Esa lógica incluye, junto al ideal del progreso y la riqueza, el trato inhumano a los obreros de las fábricas, la ostentación de lo atesorado, la conversión del amor en herramienta de escalada social, el sometimiento de la nobleza declinante...
Que prevalezca la amistad en semejante lógica resulta impensable.

Entre las interpretaciones, formidables la mayoría, destaca la de Daniel Olbrychski, soberbia. (Fue el actor insignia de Wajda, como J.P. Léaud lo fue de Truffaut, o M. Vitti de Antonioni.)

El fresco histórico condensa vigorosamente claves de la historia polaca justo anteriores a la aparición de la bandera roja en el horizonte, claves generalizables a la historia europea.

spoiler:

En palcos y patio de butacas del Teatro de la Ópera suelen estudiarse entre sí los ricos industriales durante la representación, convertida ésta en fondo de la liturgia mercantil: cuchicheando, perfilan los grandes negocios, vigilan quién habla con quién, deducen lo conversado y calculan consecuencias para tarifas y aranceles, prevén las alzas y bajas del dinero...
Son los magnates de la próspera industria textil de la ciudad de Lodz, donde confluyen alemanes, polacos, judíos, rusos y ucranianos.
Viven a la caza del golpe de fortuna, en plena efervescencia del sueño industrial de un progreso ilimitado.

Refinamiento: en la crucial secuencia de la Ópera hay una maravillosa recreación de las bailarinas de Degas.

Pero la película no ahorra crudeza en el retrato social, rozando en ocasiones lo panfletario:
-Un patrón se encoleriza al descubrir los metros de tela estropeados por la sangre de un obrero al que una máquina acaba de triturar un brazo.
-Un directivo de fábrica encarga listas de trabajadores jóvenes, cuanto más jóvenes mejor, para que se las lleven a sus orgías. En venganza, el padre de una de ellas lo descuartiza, con ayuda de una máquina, en escena gore.
-Un potentado construye un palacio con los materiales más lujosos para exhibirlo a las visitas, como certificado de prosperidad, aunque vive en su vieja y pequeña casa, más confortable.
-Las mujeres son vistas con óptica de cazadotes: es preferible la rica heredera, aunque sea tonta, a la noble y leal prometida cuya fortuna ha menguado.
(...)

Un personaje atípico: un empleado que se enfrenta a su tiránico jefe.
Otro: el empresario incapaz de hacer trampas para evitar la quiebra.
(...)

Lupo