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Apuntes de cine

INLAND EMPIRE (2006)
David Lynch


EL DOCTOR LYNCH, SUPONGO

1) Freud definió el Inconsciente como el gran continente mental a descubrir, y los sueños como la senda real para acceder al territorio.
Con instrumental cinematográfico, Lynch realiza concienzudas exploraciones de ese continente. Unas cuantas de sus películas son relatos de expediciones. “Inland Empire” (región desértica californiana), consiste en la propia expedición, un viaje a lo hondo de la psique.

2) El primer salto a un mundo espaciotemporal paralelo se da pronto, cuando una vecina brujesca hace una visita de cortesía a la mansión de la protagonista, la actriz Nikki (inmensa Laura Dem), y la conversación formal se vuelve agobiante predicción del futuro inmediato. La inquietante vecina lo prefigura con visajes extraños y ojos saltones en primerísimo plano al hablar de una niña que sale a jugar y llega a un callejón tras el mercado, donde un pasadizo conecta con el Palacio; de un inminente contrato para una película que involucra crímenes; de una factura impagada; de las inexorables consecuencias que todo trae; del poder de la magia y de la amnesia de la atónita actriz, a quien señala un tresillo del salón: “Si fuese mañana, usted estaría sentada allí”.
Gran salto instantáneo: la actriz, con dos amigas, recibe en el tresillo la noticia de su contrato. Comienza a trabajar en el remake de una vieja película maldita (“El cielo azul del mañana”, basada en un relato polaco, “Cuatro, siete”, números que aparecerán en la puerta de una habitación), inacabada por el asesinato de los protagonistas.
Durante el rodaje, Nikki se pierde varias veces en su personaje y también en desdoblamientos internos que llevan de un mundo paralelo a otro, a menudo con sobresalto y pesadilla, sobre todo en la fantasmal ciudad polaca de Lodz.

3) Lynch quita paredes y suelo argumentales y abre todas las conexiones posibles, atravesando los límites racionales en el descenso a infiernos interiores, circulando por un laberinto de escaleras de Escher donde no falta la cortina roja, con puntos críticos (las puertas AXXoNN) donde la protagonista se cruza consigo y se reconoce con pánico en trayectorias temporales diversas (“No sé qué es antes o después”, “Ocurre ayer pero pertenece a mañana”).
No es sólo que la actriz confunda persona y personaje, ni que se pase a menudo a otro lado de lo real, sino que hay un imparable fluir por otros múltiples lados, con lo que lo real se desvanece. No hay tregua en el salto a un film dentro de otro, una ficción dentro de otra, un sueño dentro de otro, un delirio dentro de una pesadilla, en reduplicación constante, con los miedos íntimos como potente motor: a sufrir una violenta crisis conyugal o a caer en la arrastrada prostitución callejera, tema presente ya en el prólogo.

4) En lugar de acotar previamente por escrito en un guión las precisiones, Lynch, digital en mano (Sony PD 150), esboza escena por escena en tomas directas, filmando planos sueltos, sin encadenar en estructura narrativa preexistente; a golpe de intuición, sin ensayo. Al irlas ensamblando, el sentido emerge, difuso. Para añadir mundos, en el rompecabezas integra asimismo material suelto, como la ‘sitcom’ de los Rabbits, con sus paredes verdes y risas enlatadas.

5) Lynch se sumerge aún más en su cosmos personal, con las zonas agrias y siniestras que son su constante y que pueden agradar más o menos. Los espectadores se dividen entre quienes se abandonan a la vertiginosa profundidad abierta en la pantalla, y quienes hartos abandonan la sala, pero la exploración simultánea de territorio inconsciente y lenguaje digital posee una capital importancia.
Siguen siendo vastos territorios a descubrir. La modalidad doméstica de creación implica un trascendental apartarse de los fuertes condicionamientos impuestos por la industria (detalle burlón al situar a las prostitutas callejeras sobre las estrellas en la acera del Boulevard hollywoodiense), y un prometedor retorno a las raíces del cine, a las sendas perdidas.

Lupo