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Apuntes de cine

LILITH (1964)
Robert Rossen

UNA RADICAL FEMINIDAD

1) Ésta podría ser una interesante película de psiquiatría y afectos intensos, complicados por el desequilibrio mental, titulada algo así como “Pasión en el Sanatorio”, o “Amor y locura”, incluyendo apuntes un tanto anacrónicos sobre la esquizofrenia (¿enfermedad de aristócratas de la mente?) y una excelente interpretación de Jean Seberg, cuya gestualidad y expresión corporal son exactas, creadoras de un inquietante mundo paralelo, apoyado en los brillos y figuras del agua.
Pero la película se llama “Lilith”, y ese título, que es medio film, amplía enormemente el panorama, al introducir una radical teoría de lo femenino.

2) Lilith: la protomujer, creada de barro igual que Adán, antes que la Eva de la patriarcal versión siguiente (generada de una costilla del hombre para aliviar su soledad, como un ser doméstico, funcional, subordinado).
Lilith: portadora de un fuego interno insaciable, autónoma, enemiga de los recién nacidos, satélite invisible de la Tierra, lamia, engendradora de niños demoníacos con el semen de las poluciones nocturnas, conocedora del nombre oculto de Yavéh, reaparición vengativa de lo materno negativo o loco…

3) En los sesenta, una mujer igual al hombre e independiente no es viable, y le corresponde un sanatorio, un centro de reclusión. En esos sesenta el hombre es como el segundo Adán, y actúa como si toda mujer fuese igual a Eva, nacida de él y por tanto supeditable a sus deseos.
Pero la internada de la que el terapeuta se enamora no es hija de Eva sino de Lilith. Ejerce todo su potencial instintivo (ese proceder lascivo con niños…), vive una felicidad sensorial en comunicación con el agua, su oficial esquizofrenia es una expresión de su rebeldía, y no alberga la menor tendencia a la sumisión, a la que tampoco parece propensa la distinguida y oracular echadora de cartas, otra interna de ese recinto privilegiado, convertido en microcosmos, una Montaña Mágica pero no para refinados tuberculosos sino para seres ensimismados y limítrofes (recinto con amplitud y jardines, para quien pueda pagar las mensualidades).

4) El terapeuta (le va bien el sesgo estólido de la actuación de Warren Beatty) está preparado para tratar con mujeres tipo Eva, como esa ex novia que se ha casado con un perfecto imbécil y ciudadano medio que la trata como a ganado.
Se le escapan los vínculos sáficos entre las internas y se le escapa la feminidad lilithiana, provocadora, que reta y desafía, emplaza y exige, acomete con inteligencia directa y asocial, obedece a su fuego y disfruta sus días; y no se somete.
Cuando el terapeuta intenta responder, en el desbordamiento afloran las reacciones pautadas: celos, posesividad violenta, autoritarismo, una desfasada masculinidad-para-Eva, de incierto porvenir.

5) La araña de los créditos, que tiene una mariposa en su red, es araña loca, que teje tela asimétrica. Su obra, además de creativa y distinta, también caza.

¡Cuántas miradas —planos— a través de telas metálicas!