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Apuntes de cine

SIN SOL (1984)
Chris Marker

Y SIN CONCLUSIONES

La voz en off comenta las cartas que un cámara trotamundos, Sandor Krasna, le envía desde varios lugares del globo, sobre todo Tokio, ciudad cuya vida se analiza a fondo.
Pero en la cabecera de la película se aísla un momento especial: los tres rubios niños islandeses al sol. Imagen de la felicidad, entre dos planos negros, imposible de relacionar con las restantes imágenes, imágenes ‘sin sol’ (en recuerdo de las canciones de Mussorgsky).

De género netamente ensayístico, la película despliega en tono despersonalizado una serie de reflexiones divagatorias que se deslizan de un tema a otro, en un marco sumamente abierto que permite relacionar todo con todo.
Partiendo de Tokio, cualquier detalle se incorpora al flujo verbal de la meditación: carnavales de barrio, cementerios de gatos, un emú en la Isla de Francia, horóscopos, exhibiciones de estatuillas fálicas, guerrillas africanas, museos de animales disecados, colecciones de muñecas rotas, descendientes de esclavos caboverdianos, la tumba de Nerval, la fauna africana… en fin, todo cabe en el discurso liberado del rigor expositivo.
Y cuando la reflexión se abstrae, incide con denso lenguaje en un núcleo de temas filosóficos como la memoria, el recuerdo y el olvido, las diversas temporalidades continentales, la muerte y los tránsitos, los puntos fuera del tiempo, la contemplación desde la Eternidad…, siempre insistiendo en buscar matices y sutilidades conceptuales.

En tales pasajes, la información verbal es excesiva: satura. Si ya en texto impreso resultaría espesa, la lectura de la voz en off, de entonación plana y monocorde (Florence Delay, en la versión original francesa), vuelve francamente pesados muchos tramos en que el collage se sobrecarga.

Pero Marker es un montador excepcional y un pensador visual de originalidad contundente, y los pasajes de imágenes mudas, o en los que predominan con claridad sobre lo verbal, dan a la película extraordinario valor: como el maravilloso tren de los viajeros durmientes, cada uno con su sueño o pesadilla; o el reportaje del ataque a Pearl Harbour solarizado; o el rastreo en San Francisco de las localizaciones del “Vértigo” de Hitchcock, o el análisis de la rica vida icónica de Tokio en sus murales, cómics, edificios, estatuas, neones, programas de TV, videojuegos, etc.

Descompensada en perjuicio de su brillantez visual, permanece no obstante como un notable e imitado ejemplo del cine ensayístico.

Lupo