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Apuntes de cine

TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO (1991)
Alain Corneau

SON CAMINOS SIN RETORNO

A través del misterioso señor de Saint Colombe, de quien se ignora el nombre, esta película de Alain Corneau realiza una bella aproximación a la naturaleza del Arte. Presenta la música como “Ars Magna”, que permite transmutar el dolor y afecta a la manera de estar en el mundo, manera incompatible con la que usa la música como espectáculo, entretenimiento o malabarismo.

Toca también la necesidad de transmitir el conocimiento sin profanarlo, la relación crispada y conflictiva que surge entre maestro y discípulo, la duda sobre si éste merece ser instruido.

Todo el film es un extenso flasback: ya mayor, y saciado de triunfos cortesanos, el violagambista de la corte de Luis XIV, Marin Marais, evoca intensamente conmovido los años de complicado aprendizaje junto a la familia del señor de Saint Colombe, enigmático maestro de la viola. Enigmático porque estaba tan entregado a crear música que no se molestaba en anotarla. Crear música la mayor parte del día era su forma de vivir; y apasionadamente, además. Inventó la sujeción de la viola entre las piernas, añadió la 7ª cuerda y depuró la técnica del manejo del arco. Quería conseguir que el instrumento abarcase todas las inflexiones de la voz humana.
La muerte prematura de su esposa le había hundido el ánimo. En un rincón del jardín construye una cabaña de madera y allí pasa los días, tocando sus violas para moverse entre los mundos e invocar al espíritu de la amada. Jansenista vinculado a Port Royal, rechaza con inmenso desprecio la llamada del rey para que toque en su presencia. Como a mercachifles, expulsa desafiante a los mensajeros. “¡¡Díganle que su palacio cabe en mi cabaña!!”, les ruge.

Cuando el joven Marais se presenta con voluntad de aprender, el señor de Sainte Colombe recela: lo encuentra habilidoso, con ambición social, y le pronostica lucrativo éxito mundano. “Estás envuelto en música, pero no eres músico”. Intenta enseñarle a captar la música en los sonidos del agua, del viento (durante un paseo en que sopla, le señala el aria por encima del bajo), de los pasos, del pincel en el lienzo…

Jordi Savall se encarga de ejecutar magistralmente la selección musical, piezas del señor de Sainte Colombe, Marais, Lully y Couperin. Entre los actores sobresale un impresionante Jean-Pierre Marielle; también la clara fisonomía de Anne Brochett.

El texto, adaptado de la ‘nouvelle’ del filosófico novelista Pascal Quignard (Gallimard, 1991) tiene pulcra altura literaria. La recreación de la época, minuciosa en cada detalle de vestuario, muebles y edificios, con depurada fotografía de aire pictórico y frecuentes interiores iluminados por velas, es de exquisita estética y pide un ritmo sobrio y pausado, el idóneo para la casi humana voz de la viola.

Lupo